Oro Viejo

El Rey de Reyes por Arture W. Hotton

1 Timoteo 6:15-Apocalipsis 17:14-Apocalipsis 19:16
 
        Las múltiples facetas de la personalidad de nuestro Señor Jesucristo se ponen de manifiesto en los nombres y títulos que le confieren las Sagradas Escrituras. Entre estos se destaca el de REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES. Tres veces aparece este título en el Nuevo Testamento con referencia al Señor, en los pasajes señalados en el epígrafe. 
 
        Claro está que hay otros títulos que se aplican al Señor, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que se refieren a su carácter real. Señalaremos algunos de ellos:

-Rey de gloria. Salmos 24:7.
-Rey para siempre. Salmos 29:10.
-Rey desde tiempo antiguo. Salmos 74:12.
-Rey de Israel. Juan 1:49.
-Rey de los Judíos. Juan 19:19.
-Rey de los siglos, inmortal, invisible. 1 Timoteo 1:17.
-Rey de los santos. Apocalipsis 15:3.

        A estos pasajes, podemos agregar las palabras de Deuteronomio 10:17: “Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande y poderoso…", y las de Daniel 2:47: "Ciertamente que el Dios vuestro es Dios de dioses y el Señor de los Reyes…”.

Hay otras expresiones que nos dan a entender algunas de las características de su glorioso reinado. Registremos algunas de ellas:

-"Su reino domina sobre todos…" Salmos 103:19.
-"Tu reino es reino de todos los siglos". Salmos 145:13.
-"La gloria de la magnificencia de su reino”. Salmos 145:12.
-"Un reino que no será jamás destruido". Daniel 2:44.
-“Su reino, reino sempiterno”. Daniel 4:3.
-"El reino de los cielos". Mateo 3:2.
-"El reino de Dios". Mateo 12:28.
-"El reino de su Padre". Mateo 13:43.
-"Su reino por todas las edades". Daniel 4:34.
-“Mi reino no es de este mundo", Juan 18:36.
-"Su reino celestial". 2 Timoteo 4:18.
-“El reino de su amado Hijo".  Colosenses 1:13.

         De estos y de otros pasajes que podrían traerse a colación, llegamos a la maravillosa conclusión de que "hay otro Rey, Jesús”, para usar las palabras de Hechos 17:7. Su reinado es por ahora espiritual e invisible, pero real y verdadero. Pero llegará el día en que todo el universo le reconocerá como el único y divino Soberano, Rey de reyes y Señor de señores.
Es interesante notar que en el advenimiento del Señor Jesús, los magos del oriente que llegaron a Jerusalén guiados, no sólo por la estrella sino por revelación divina, lo hacen en busca del “REY  ...que ha nacido". Su posterior adoración y el ofrecimiento de los hermosos y valiosos regalos, son los que corresponden en verdad a un soberano. De allí, la conturbación de Herodes. Pasan los años y el Señor está prácticamente a la sombra de la cruz. Se encuentra frente a Pilato, el Juez, acusado de decir que era: "Cristo, el Rey". “¿Eres tú el Rey de los judíos?", es la pregunta, y ante la explicación del Señor sobre el alcance y sentido espiritual de su reinado, surge nuevamente la pregunta: "¿Luego, eres tú rey?", Es evidente por las manifestaciones de Pilato, que él se daba cuenta que estaba frente a un personaje real, y lo corrobora al colocar sobre la cabecera de la cruz el conocido título: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos”.

         Durante su estancia aquí en la tierra, el Señor fue un Rey de incógnito. En su nacimiento, en muchos de los hechos de su ministerio, en la misma cruz del Calvario, se pone en evidencia este hecho.

        Ocupándonos ahora específicamente de los tres pasajes del encabezamiento, diremos que se refieren a una época aún no llegada, a hechos aún por cumplirse. Se trata de la manifestación del Señor en toda la magnificencia de su carácter Real.
Es interesante notar la diferencia entre las dos escenas en el Apocalipsis. En Apocalipsis 17, la figura principal es el CORDERO. No entraremos a hacer conjeturas sobre la exacta ubicación escatológica de lo que allí sucede. Pero, en esencia, son dos fuerzas que se enfrentan: las del mal, reunidas por la "bestia", y las del bien, conducidas por el Cordero. Esta culminación profética es, sin duda alguna, un símbolo de la gran lucha moral de todos los tiempos:

        Es el Cordero que sale a luchar, y, sin embargo, es el Rey de Reyes... ¿Cómo es esto? Por varias razones:

        Por derecho propio. El Señor aunque es “Hijo del Hombre", nunca deja de ser “Hijo de Dios".

         En virtud de su sacrificio. La importancia y el valor de su sacrificio se exaltan en toda la visión. Es el “cordero que fue inmolado” lo que se destaca. Es el cumplimiento de Filipenses 2:6-11.

       En virtud de su humillación. Cuando los pastores buscaron a “Cristo el Señor", encontraron a un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. La humildad es poder, el sacrificio es soberanía, perder la vida es ganarla, la cruz origina la corona. La más grande soberanía es la del Cordero y no la del león.

        Y así “el Cordero los vencerá". Jesucristo es el Rey de Reyes, pero, ligado  íntimamente a su excelsa majestad y deslumbrante gloria, está la Cruz. La corona de espinas estará para siempre entretejida con la corona de gloria..

        En el capítulo 19, si bien comienza la visión con “las bodas del Cordero" y "la cena del Cordero", el Señor se presenta como “EL VERBO DE DIOS”. Sus ropas están tintas, pues es el que ha salido a pisar el lagar y a hollar con su furor. Sobre sus vestiduras y sobre su muslo lleva el título: “Rey de Reyes y Señor de Señores”.

        La bestia con los reyes de la tierra luchan contra el Señor, quien los derrota completa y definitivamente. Y es entonces cuando se cumple en todo su significado aquello de "Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” Apocalipsis 11:15.

        ¿Cuándo llegará ese venturoso día? No lo sabemos. El apóstol Pablo acota: “A su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Poderoso, Rey de Reyes y Señor de Señores..." 1 Timoteo 6:15.

     En un mundo en donde la mayoría dice “no queremos que ÉSTE reine sobre nosotros", procuremos “hacer firme nuestra vocación y elección…” porque de esta manera nos será abundantemente administrada la “entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo". 2 Pedro 1:10-11.

         ¡Que Aquel que reinará de mar a mar y bajo cuya autoridad estarán todos los reinos del Universo, reine efectiva y permanentemente en nuestras vidas! Que sea Él, en realidad, el REY de los Santos. Cristo Rey fue el slogan interesado de cierta política religiosa. Que sea una gloriosa realidad en nuestras vidas. Que nuestra ferviente oración sea: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. VENGA TU REINO… Amén”.

 

Arture W. Hotton
Publicado en la Revista Mentor nº 41. Oct.-Dic. 1956

Dónde, cuándo y cómo predicar el evangelio por José Martinez

        Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” Marcos 16:15. Pablo escribió: “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el Evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo” Efesios 3:8

Algunas consideraciones de cómo Pablo predicaba y enseñaba el Evangelio:

1º. Lugares:

1.    Sinagoga. Judíos y religiosos. “Así que discutía en las sinagogas con los judíos y piadosos” (Hechos 17:17).
2.    Plaza. Para todos, públicamente “… y en la plaza cada día con los que concurrían” (Hechos 17:17).
3.    Escuela. Educación “...discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tirano” (Hechos 19:9).
4.    Casas. Las familias “Y cómo nada útil he rehuido de anunciaros  y enseñaros, públicamente y por las casas” (Hechos 20:20).
5.    Cárcel. Los presos. (Hechos 16:23-33).
6.    A cada uno. Individual. “Velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no  he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno” (Hechos 20:31).
7.    En su casa de alquiler. “Y  habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba  el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas” (Hechos 28:23).   

2º. Cuándo:

    Cada día (Hechos 17:17-19:9, “desde la mañana hasta la tarde”). Hechos 28:23.

3º. Cómo:

1.    Con oración. Pablo era un hombre de oración. “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
2.    Guiado por el Espíritu. “Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hechos 16:6-7).
3.    Por las Escrituras. “Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo” (Hechos 17:2-3).
4.    Con temor y temblor.  “Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor” (1 Corintios 2:3).
5.    Con humildad y lágrimas (Hechos 20:19-31).
6.    Acomodándose a todos (1 Corintios 9:14-23).


4º. Su extensión:

     “Pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a muchas gentes con persuasión,…” (Hechos 19:26). “De manera que desde Jerusalén, y por todos los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo” Romanos 15:19.

5º. Dos secretos:

Amor.

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron”  ({bible}2 Corintios 5:14{/bible}).

Cruz.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive  Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
 

José Martínez.
Revista “Campo Misionero”, Abril 1945

Una oración misionera por Miguel Leccese

“Dios tenga misericordia de nosotros, Y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros” 
 Salmos 67
 
         Así comienza la oración manifestando deseo y necesidad de corazón, de estar llenos de tales bendiciones.  ¿Qué los mueve al desear y procurar estar tan bien equipados? Continúa:  "Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación”.
 
         Aquí está el motivo, para esto  han debido empezar a tratar primeramente con ellos mismos delante de Dios. ¡Qué grande verdad! Descúbrenos la necesidad de dar tales pasos, contar con tales bendiciones, antes de un esfuerzo misionero. ¡Oh que el Señor obrase tal depertamiento en medio nuestro! ¡Cuán bueno fuera, hiciera suya el pueblo de Dios también en estos días, esta oración!

        Tal debe ser el espíritu y ambición de la Iglesia del Señor; porque: “Jerusalén, Samaria, y hasta lo último de la tierra” es el campo inmenso que el Señor abrió a los ojos y actividades de su Iglesia; sí, hasta lo último de la tierra, allí solamente se encuentra su señalada meta. No debe haber lugares olvidados.

    ¡Cuántos pueblos quedan aún sin testimonio!    ¡Cuánta falta hay de misioneros! Gracias al Señor por aquellos que Él ha preparado, y han respondido ya al llamado a Su servicio.

        Incumbe al pueblo de Dios abrigar tales deseos, elevar tales súplicas, para que la obra del Señor en medio nuestro pueda tener también grandes alcances, para que el camino de Dios (no el de los hombres) sea conocido en toda nuestra nación y fuera de ella por la errante y perdida humanidad; la verdad resplandezca en medio de tanta mentira, y la salvación de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro, alcance no sólo a los cercanos sino a todo el mundo.

        El Señor de la mies se ha dignado honrarnos, que fuésemos los instrumentos en sus manos, para su realización."Me seréis testigos”

      El tiempo urge, la necesidad apremia, las oportunidades se van, las almas se pierden. Ante tan solemne verdad, no se debería escatimar esfuerzos, no debería haber en el pueblo de Dios, asambleas y miembros con horizontes reducidos a los sólo términos de su barrio.

        Somos fruto de tal obra, deudores a la vez, y con nuestras responsabilidades al respecto.

        Mientras el Señor hace oír su llamado a la obra entre sus siervos, los demás redoblamos nuestras fuerzas apoyando y respaldando sus salidas , contribuyendo espiritual y materialmente.

        Los resultados señalados y prometidos seguirán, los frutos se manifestarán. "Te alaben los pueblos, oh Dios... Alégrense y gócense las naciones...” (Salmos 67:3-4)
 
 
 
Miguel Leccese. (Adaptado)
Revista Campo Misionero”. Octubre 1944

Alimento del cuerpo por San León Herrera

        Todo lector atento a estos tres artículos de la serie, notará la íntima relación que guardan entre sí. El “Gobierno de la Casa” se plasma en un “Pastorado del rebaño” y, como parte primordial de tal pastorado, hallamos la provisión de alimento a la grey, o la suministración de alimento al Cuerpo de Cristo, la Iglesia, en conformidad con el título de este tercer estudio.

         Haremos notar que no consideraremos tales palabras como un simple título, sino como un verdadero enunciado al que nos hemos de ceñir en el desarrollo del tema. Más: como un punto de partida y pauta. Mejor: como punto de enfoque. Nos fijaremos, pues, en los conceptos que tales palabras entrañan: ALIMENTO; alimento del CUERPO; alimento del Cuerpo DE CRISTO; alimento del Cuerpo de Cristo, LA IGLESIA. 

         Todos entendemos que alimento es aquello que mantiene o desarrolla una vida. Tal es su finalidad y tal es lo que le constituye alimento; lo contrario podría constituirlo en tóxico o veneno. Para ser alimento ha de mantener esa vida y proporcionarle lo indispensable a su desarrollo. Así con el alimento vienen a coadyuvar el vestido y más aún el ambiente en el que parte de él es esencialmente alimento.

        Hay una porción básica en esta cuestión que nos da hermosa y completa orientación. Es la de 1 Pedro 1:23 y 1 Pedro 2:2, y hemos de leerla cuidadosamente. La primera declaración que hallamos en ella es que el cristiano, el creyente, es renacido de simiente incorruptible. Retengamos bien estas dos palabras: SIMIENTE INCORRUPTIBLE. ¡Qué semejantes a simple vista algunas células en el hombre, el animal y el vegetal! Pero qué diferentes ya en el laboratorio bajo microscopio y la mirada sabia de un experto. ¡Y cuánto más diferentes al seguir su trayectoria la vida que en sí mismas llevan! ¡Y cuán diferentes, las exigencias que esta misma vida impone para su mantenimiento, desarrollo y finalidad!

Continúa diciendo Pedro que este nuevo nacimiento es por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Notamos que el apóstol no puede resistir patentizar el maravilloso contraste entre esta Palabra y “toda carne”, y finaliza diciendo que esta Palabra es la que por el Evangelio nos fue predicada. Surge aquí por sí sola la hermosa conclusión de que fue el Espíritu por la Palabra que nos dio la nueva vida. Será, asimismo, esta Palabra, ella y no otra, la que mantendrá y desarrollará la vida que ella dio. Y esto, por la sencilla razón de que esta nueva vida nos alza a un plano donde otros géneros de vida  han quedado atrás: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:6).

        No deja de sernos interesantísimo  notar que allí donde se establece un denominador común a diferentes géneros de vida, tal denominador queda establecido respecto al alimento. Pero allí donde diferenciamos los géneros, surge la diferencia en la alimentación. En la narración del Génesis sobre la Creación leemos: “Produzca la tierra”; “Produzcan las aguas”; y “Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra”. Inmediatamente, hallamos que “tierra”, “aguas”, “polvo”, suministran alimentos que mantienen la vida de aquellos seres que Dios hizo de ellos surgir. Oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, calcio, hierro, fósforo, etc. en tierra, agua, polvo y, a la vez, indispensables para los seres que de ellos vimos surgir. Mas, ahora, diferenciamos al pez de la bestia del campo e, inmediatamente, veremos al primero tomar el oxígeno del agua y, a la segunda, del aire. Comparemos al vegetal y al hombre: el vegetal tomará  su oxígeno principalmente del aire por las hojas y, el hombre, por el hierro en su sangre cuando ésta queda en contacto con el aire en el pulmón.

        Lo que realmente está haciendo este plano de vida física o natural es prepararnos para entender bien las cosas al elevarnos al otro plano de vida espiritual la nueva vida del creyente. Tal vida vino de Dios: “Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé, los hice”. Viene de Jesús: pues dice de sus ovejas: “Yo les doy vida eterna”. Viene del Espíritu Santo: “Lo que es nacida del Espíritu, espíritu es”. Viene de la Palabra: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Isaías 43:7. Juan 10:28; Juan 3:6; Juan 6:63). Es, pues, una vida que viene de lo Alto, y el Cielo es quien ha de alimentarla.

        Esto me lleva a pensar que, cuando me subo a la plataforma, a la tarima o al púlpito y tengo delante de mí a los hijos de Dios, la grey del Señor o el Cuerpo de Cristo, esperando alimento, son almas renacidas por el Espíritu y la Palabra y solamente la Palabra en el poder del Espíritu podrá alimentarlas. En realidad, no tengo derecho a presentarles meramente mis pensamientos y propios pareceres, ni teorías ni especulaciones del intelecto humano. Cierto que en todo eso puede haber algo, o mucho, que les sería de gran utilidad. Son seres humanos como yo y rara vez un hombre deja de tener lección o ayuda para otro  hombre. Pero esas almas que tengo delante de mí en la “Casa de Dios” no me presentan el problema de la ilustración intelectual, ni el de su educación social, ni el de su vida física. Ni me son ni les soy extraño o indiferente en el terreno de tales problemas. Pero, en tal momento, me presentan el de su alimentación espiritual, mantenimiento y desarrollo de esa nueva vida a que el Espíritu las levantó.

        En el púlpito, se ha errado sirviendo alimento intelectual más bien que espiritual enseñando, (admitámoslo en su mejor sentido), “mandamientos de hombres”. Se ha errado y se ha abusado, tal vez inconscientemente, dando al espíritu piedra en lugar de pan; y también, fatalmente, serpiente en lugar de pescado y escorpión en lugar de huevo. No le será difícil al lector notar que, a veces, se  han pisado las huellas del apóstol  Pablo, pero en trayectoria inversa. Vemos al apóstol en la sinagoga, en la escuela, en el ágora o en el Aerópago. Pero en cada sitio, su palabra fue Palabra de Dios. Sin embargo, se ha visto hacer de la Iglesia, sinagoga con meras doctrinas; escuela, con meras teorías; ágora, con meras controversias; y Areópago, con meras especulaciones. Realmente, la Iglesia ha quedado tras la sinagoga, aunque tiene doctrina; tras la escuela, aunque tiene enseñanza; tras el ágora, teniendo más bien defensa que discusión; y tras el Aerópago, teniendo revelación y no especulación. Todas estas cosas trascienden en ella a un plano más elevado haciéndola (a ella: individuos y lugar) “La Casa de Dios”, donde se pregunta: “¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así” (Lucas 12:42-43). Y se aconseja: “Téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea  hallado fiel”. (1 Corintios 4:1-2). Pablo nunca olvidó que el programa que se le había dado era del Cielo y para el Cielo y para lo del Cielo.

        Todo esto nos plantea la cuestión en términos sumamente serios y de gran solemnidad. Pero, cumplida nuestra parte con fidelidad,  nobleza y sabiduría, dejará en nuestro corazón una sensación de gozo inefable y en el alma una hermosa paz y serenidad. Nada más hermoso y bendito para nosotros que la certidumbre de que, efectivamente, hemos estado sembrando, comunicando, sirviendo la mismísima Palabra de Dios. Que, efectivamente, nuestros hermanos han podido llenar su gomer de pan del Cielo.

        En la visión de Isaías 6, hay cosas bellas, bellísimas. Una de ellas, ésta: “Heme aquí, envíame a mí”. Pero anotemos lo que inmediatamente surge: El Señor dice al que ya es su profeta: “Anda y DI”... Y queda completamente especificando lo que el profeta  había de decir. Y Jesús, modelo de modelos, le dice al Padre: “Las Palabras que me diste les he dado a conocer”. Y Pablo que tan cerca sigue a su Señor al hablar a los corintios, que tan orgullosos y partidistas eran del ministerio de los hombres, les declara que el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo que nosotros ministramos es porque Dios mismo ha resplandecido en nuestros corazones y que todo constituye un tesoro que tenemos en vasos de barro. ¿Qué somos, pues, nosotros, en el servicio de nuestra suministración? La vasija ciertamente honrada y santificada. Pero la familia de Dios ¿qué pide? ¿Qué  necesita? El pan y el agua de vida; el vino del gozo espiritual; el aceite de la santificación. El vaso de barro en sí, ¿qué vida, qué alimento les puede dar?

 

San León Herrera. (Adaptado). Reuniones Anuales en Madrid, Octubre 1951.
Publicado en la Revista “El Camino”, nº 87. Marzo 1952

Una Iglesia misionera por Carlos Noya

Definición.

        Una iglesia misionera es la que cumple con el propósito de extender -por los medios a su alcance– el Evangelio a todo el mundo. No es misionera la iglesia que, en cierto sentido,  sólo ayuda con una parte de sus entradas.

         Una iglesia misionera era la de Tesalónica (1 Tesalonicenses 1:8) “Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido” .

Comparación y diferencia.

        Para hacer notar una de las ventajas de una iglesia misionera sobre otra que no lo es, tenemos, por ejemplo, el capítulo ya citado en contraste con el 1 Corintios 1. Notamos que mientras el apóstol Pablo se dirige a los de Tesalónica con palabras de gozo al comprobar su testimonio, tiene palabras de admonición para los de Corinto, ocupados en egotismo contencioso: “Quiero decir, que cada uno de vosotros  dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo” (1 Corintios 1:12).

Posible razón y Consecuencias.

        Los tesalonicenses estarían tan ocupados en los trabajos que demandaban el extenderse a otros lugares; en cuidar su propio lugar y conducta; en reunir para el sostén de los obreros; en orar por estos y por el servicio confiado por el Señor a cada uno, que no quedaba tiempo para otras cosas, tema de discusión de los corintios. Lo que decimos puede ser la experiencia de cada congregación. Los que han llevado a cabo campañas con una carpa, recordarán fácilmente este tiempo feliz cuando los de mayor experiencia indicaban los trabajos y los jóvenes se prestaban espontáneamente a su realización. Oraciones, cánticos, repartición de folletos, invitaciones, etc., todo era entusiasmo, gozo, comunión. Casi se desconocía el cansancio; y había resultado efectivo.

         Creemos que esas y otras reuniones, amén de visitas a lugares donde no hay testimonio, evita que caigamos en la fría rutina y lleguemos a necesitar las palabras de Efesios 5:14 “Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo”. La inercia de las congregaciones puede compararse al agua quieta; se corrompe por el estancamiento; el ocio siempre es peligroso. ¡Cuidado! Una avanzada es sinónimo de ocuparse más de la OBRA MISIONERA.

 

Carlos Noya. Revista “Campo Misionero”. Enero 1945