Príncipe y Salvador

TÍTULOS DOBLES DE NUESTRO SEÑOR (2ª Parte)

        Ahora pasaremos a considerar la segunda parte de este doble título: “Príncipe y SALVADOR”. Es posible estar tan familiarizados con este bendito nombre que lo empleemos sin pararnos para reflexionar debidamente sobre su plenitud de significado. Para tratarlo completamente, se necesitaría un volumen, y no parte de un artículo de revista. Sin embargo, ofrecemos las cuestiones siguientes: Cristo ha llegado a ser SALVADOR por lo que consiguió su muerte a favor del pecador.

        “Llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). Y, otra vez, “Se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad” (Tito 2:14). Como “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), nuestro Señor sufrió, tomando el lugar del culpable, como el sustituto de los que confían en él: el creyente, en la persona de su sustituto, ya ha padecido el juicio por sus pecados, pero también es SALVADOR, porque somos salvos por su vida.

        En Romanos 5:9 y Romanos 10, leemos cómo la muerte de Cristo ha procurado nuestra justificación y reconciliación, pero, luego, agrega el apóstol su frase favorita: “mucho más”: él se deleita en realzar los méritos de su Señor, y demuestra que si su muerte ha obtenido tan grandes beneficios, “mucho más seremos salvos por su vida”. Las bendiciones adquiridas por su sangre serán hechas efectivas en nuestra experiencia por su vida. No se trata solamente de lo que leemos en el libro, sino de lo que sentimos en nuestros corazones. “Somos salvos”, es decir, entramos en la realidad de estas cosas por medio de uno que vive para sostenernos.

        Y podemos ir más adelante en estos pensamientos: somos salvos por su intercesión: no es solamente el hecho de su vida, sino su ocupación con nuestra causa, y “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25): Como Jesús se ocupó para el bien de sus discípulos durante su vida en la tierra, así se ocupa en su vida en el cielo a favor de todos los creyentes.

        Pero, es más: él va a llevar al punto final nuestra salvación en su segunda venida: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Colosenses 3:4), y podemos añadir: “Ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos” (Romanos 13:11). Esta maravillosa salvación de este gran SALVADOR está relacionada con su muerte, su resurrección, su intercesión y su venida otra vez. Salva de la PENA del pecado, del PODER del pecado y, al fin, de la PRESENCIA del pecado: “una salvación tan grande” procurada por un SALVADOR TAN GRANDE.

 

 

Publicado en la Revista “El Sendero del Creyente”, Enero 1960