Su Paciencia por Edmundo Woodford

          Juan Crisóstomo dice que la paciencia es la reina de las virtudes, y, como era de esperar, se ve demostrada perfectamente en la vida del Señor.

          Nuestra palabra viene de tres, empleadas en los escritos originales, que significan:

1º.Largura de ánimo, que detiene la justa manifestación de la ira y la justificación de los derechos, en espera de un cambio favorable en la actitud de los contrarios (Romanos 9:22).

2º.La suspensión provisional del juicio merecido (Romanos 3:25).
    (Estos dos significados se hallan juntas en Romanos 2:4).

3º.La perseverancia en el propósito firme a través de las circunstancias y a pesar de las fuerzas opuestas.
    (Los significados segundo y tercero se encuentran en Colosenses 1:11 y 2 Timoteo 3:10).


          Dios es paciente con los pecadores, no queriendo que nadie perezca (2 Pedro 3:9); así fue antes del diluvio (1 Pedro 3:20). En ambos casos, se manifiesta “el Dios de la paciencia” (Romanos 15:5) porque da a su pueblo afligido la gracia de sufrir con resignación los males de este presente siglo, hasta llegar al cumplimiento de sus promesas y nuestras esperanzas fundadas en ellas. Se ha dicho que la longanimidad es la característica de la persona que se inhibe del ejercicio del poder que posee para vengarse; mientras que la paciencia es la gracia que sufre y tolera los agravios y contratiempos de esta vida con valor y serenidad. ¡Qué admirablemente se despliegan ambos aspectos de esta virtud en el Hijo del Hombre! Algunas veces en su ministerio, su ira no pudo menos que manifestarse, pero su único milagro de maldición y juicio fue con el propósito de dar a los suyos una lección gráfica en la higuera estéril. Y aun así se había representado antes como el viñero intercediendo con el dueño de la viña a favor del árbol inútil. Pronunció sus “ayes” sólo al final de sus discursos en Jerusalén, después de soportar durante tres años la persistente oposición y malevolencia de los hipócritas.

          Así Él sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, sin fatigarse en su ánimo, desmayando, no se dejó desviar jamás de la carrera propuesta, a pesar de los suyos y las amenazas de sus adversarios. Pudiendo en cualquier momento librarse de todas sus aflicciones (Mateo 26:53) se quedó bajo su peso, esperando una feliz consumación. Este sentido exacto de la palabra -la permanencia bajo las circunstancias adversas de la vida, con valor y sujeción a la voluntad de Dios-, se ejemplifica tanto en el ánimo como en las acciones del Hijo de Dios en la tierra. Aceptó el vaso que el Padre le había dado; sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza; perseveró hasta el fin; y llegó a la meta.

           Su paciencia sublime se dejó ver también en el ajuste de cada paso de su vida a la “hora” señalada por su Padre. En varias ocasiones, se negó a anticiparla; y cuando, por fin, llegó, se sometió a todas las consecuencias con una verdadera satisfacción y confianza en su triunfo y vindicación al fin. Igualmente, en la enseñanza y disciplina de los discípulos demostró la misma virtud, correspondiente al Maestro perfecto. Les reprendió varias veces (Marcos 8:17-18), pero nunca con dureza. Procede de igual manera ahora con nosotros: “¡Cuán paciente conmigo, cuán sabio es hoy, que de escorias librándome va!”.

          En Él, sumamente, “el amor es sufrido y benigno”, dejándonos la “muestra” para que imitemos su  “letra”, en el trato de nuestros hermanos.

          El cultivo de esta virtud de Cristo constituye una parte muy importante del desarrollo de la vida espiritual, y se subraya en la descripción de los creyentes en el Apocalipsis 2:2, Apocalipsis 3:19; Apocalipsis 3:10; Apocalipsis 13:10; Apocalipsis 14:12. El cristiano vive en un mundo que es enemigo de Dios, y, como el Peregrino, se ve acosado constantemente por tentaciones y adversarios que ponen a prueba su constancia y fe. Lo que importa es su reacción. Si se rebela, no saca provecho de la disciplina, pero si se somete, ejercitándose en la piedad, tiene su fruto apacible –la justicia y la santidad (Hebreos 12:10-11).

          El siguiente resumen de su aplicación en el N. T. (Vine) enfocará las lecciones prácticas de nuestro estudio:

          “La paciencia que crece solamente bajo las pruebas (Romanos 5:3; Stg. 1:3), puede ser pasiva, la tolerancia; o activa, la persistencia o perseverancia.


Paciencia pasiva: la tolerancia:

a. En las pruebas en general: Lucas 21:19 con Mateo 24:13; Romanos 12:12; Santiago 1:12.
b. En las pruebas propias del servicio del Evangelio: 2 Corintios 1:6; 6:4; 12:12; 1 Tim. 6:11; 2 Timoteo 2:10.
c. Bajo la disciplina, o sea, las pruebas que nos suceden bajo la mano de Dios nuestro Padre: Santiago 5:11; Hebreos 12:2, Hebreos 7.
d. Bajo las aflicciones injustas: 1 Pedro 1:20.


Paciencia activa: la perseverancia:
a. En hacer bien: Romanos 2:7.
b. En llevar fruto: Lucas 8:15.
c. En la carrera cristiana: Hebreos 12:1.

           Por la paciencia, el carácter cristiano se perfecciona: por lo tanto, la participación en la paciencia de Cristo es la condición bajo la cual los creyentes serán permitidos a reinar con Él: 2 Timoteo 2:12; Apocalipsis 1:9. Con este fin, son “fortalecidos con todo poder, conforme  a la potencia de su gloria” (Colosenses 1:11).

          “El Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo” (2 Tesalonicenses 3:5): pacientes en los sufrimientos de este presente tiempo, como Cristo era en los suyos, perseverando con ánimo resuelto y valor hasta que sus enemigos, y los nuestros, sean puestos por estrado de sus pies.

“Si sufrimos aquí, reinaremos allí,
En la gloria celestial;
Si llevamos la cruz por amor de Jesús,
La corona Él nos dará”.

          “Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. Tened también vosotros paciencia, (longanimidad); y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca” (Santiago 5:7-8). Otra vez, como en estudios anteriores, cumple anotar que estas virtudes complementarias son frutos del Espíritu Santo,  sólo por Él pueden producirse en el creyente (Gálatas 5:22).

 
 
 
Edmundo Woodford (Adaptado). Revista “El Camino”, Agosto 1954

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