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Oro viejo
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Segunda parte
El valor del Dios-Hombre se manifestó de muchas maneras. En la tentación en el desierto, el dios de este siglo le ofreció los reinos de este mundo a cambio de un solo acto de adoración, por el cual le sugería la posibilidad de conseguir sus propósitos sin sufrir la cruz. El Señor escogió el camino arduo y penoso, y resistió la primera embestida del enemigo.
Desde el principio de su misión, tuvo que sufrir la oposición tenaz y constante de los jefes de la nación (Juan 5:16, etc.). Fariseos, saduceos, sacerdotes y escribas, se unieron en contra de Dios y su Cristo, pero éste perseveró sin desviarse, y no vaciló en desenmascararlos y llamarlos hipócritas, generación de víboras, hijos del infierno, sepulcros blanqueados, de su padre el diablo. Avisado de las amenazas de Herodes, que le quería matar, se negó a marchar de sus dominios o dejar de echar fuera los demonios que salían a su paso hacia Jerusalén (Lucas 13:31).
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