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Isaías 6 Este capítulo tiene que ver con el llamamiento de Isaías. Fue llamado al oficio de profeta en medio de los presentimientos que la muerte del rey Uzías creó. Había sido un rey capaz, un gran estadista, había reinado por unos cincuenta y dos años y por fin murió; no fue una muerte común, sino algo muy trágico, el resultado del juicio divino sobre su orgullo y presunción. El tiempo que recibió la visión, pues, es algo más que una mera fecha; sin duda, tiene también un contraste espiritual. No ha habido rey como él, desde Salomón, pero murió, y murió leproso, y en esto es también figura de la gloria nacional de Israel, teniendo que transcurrir muchos siglos antes de poder desaparecer todas las consecuencias de sus hechos, es decir, el “ICABOD" de las páginas de su historia. Pero cuando el trono terrenal quedó vacío, Isaías vio al ETERNO, cuyo trono nunca queda vacío, de cuyas manos nunca caerá el cetro; el verdadero REY de Israel, cuya gloria nunca menguará, y así el profeta podía afrontar. todo con confianza, esperanza y un sentir de la presencia y poder permanente del Señor. "Han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos" (v. 5); (véanse otras visiones de la gloria: Josué 5:13-14, Job. 42:5-6, Ezequiel 1:28, Daniel. 10:5-11, Apocalipsis. 1:12-19 |